Pintura mural y fresco ¿son lo mismo?

El “fresco” es una pintura mural que se origina en la Antigüedad y que consiste en mezclar los pigmentos con agua para aplicarlos sobre una superficie de cal húmeda y provocar una carbonatación que endurece la superficie y deja los pigmentos aprisionados sin necesidad de añadir un aglutinante, sin separación entre preparación y capa pictórica, ambas unidas. Requiere de una minuciosa preparación del muro a base de varias capas con mezcla de arena, agua y cal muerta en distintas proporciones hasta llegar a la última, la que recibe los pigmentos, que debe ser sólo de cal. Es preciso aplicar los colores mientras la cal todavía esté húmeda, requiriendo gran maestría para trabajar contrarreloj, y no admite pigmentos que reaccionan con la humedad, la cal o el aire cambiando de color. La ejecución se realiza de arriba abajo y de izquierda a derecha. También se le denomina “buon fresco” para diferenciarlo del “fresco secco” o falso fresco, que es también pintura mural pero con otro procedimiento que consiste en mezclar los pigmentos con agua y cal y después aplicarlos al muro, donde el agultinante también es la carbonatación pero siempre de una capa superficial que no penetra en el enlucido, que en este caso no está húmedo, por lo que la pintura no pasa a formar parte del muro. También existe el temple, otro procedimiento utilizado desde la Antigüedad que consiste en aplicar sobre un fondo fino de yeso pigmentos molidos en agua pero aglutinados habitualmente con huevo, pero también con cera de abejas, la encáustica del mundo clásico, leche o goma arábiga. Es, por ejemplo, el procedimiento que utilizaron los pintores del Antiguo Egipto.
Así, una pintura mural puede ser pintura al fresco, pintura al fresco secco, pintura al temple o pintura mixta, que es al fresco pero con retoques de temple para aplicar los pigmentos que son inestables al fresco.

Frescos de Piero della Francesca en la Cappella Bacci de la Basílica de San Francisco de Arezzo

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