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Orfeo y Eurídice

Orfeo, hijo de Eagro, rey de Tracia, y de Calíope, la más elevada en dignidad de las nueve Musas, es el cantor por excelencia de la mitología clásica, el músico y el poeta al que Apolo le regaló una lira de siete cuerdas que él perfeccionó añadiéndole dos más, un total de nueve, como las Musas, con la que entonaba cantos tan dulces que las fieras le seguían, las plantas y los árboles de inclinaban hacia él y los hombres más ariscos suavizaban su carácter.
Su mito más célebre es el que cuenta que su esposa, la dríade Eurídice, paseando un día por la orilla de un río, empezó a correr para huir de Aristeo, hijo de Apolo y la ninfa Cirene, que la perseguía para violarla, y le mordió una serpiente y murió, y Orfeo, inconsolable, tras pedir permiso a Zeus para descender al Inframundo y rescatarla, emprendió el camino, amansó a Cerbero, el perro que guardaba el imperio de los muertos, y se presentó ante Hades y Perséfone, dioses de los muertos, convenciéndoles, conmovidos por su amor, para que le dejaran llevarse de vuelta a la vida a su amada. Los dioses sólo le pusieron la condición de que no la mirara hasta salir del Tártaro. Así, los amantes se encaminaron hacia la salida, pero cuando ya estaban llegando a la luz, en el último momento, Orfeo dudó, se volvió desconfiado de que se hubieran burlado de él y que Eurídice no fuera detrás, y su amada se desvaneció y volvió a morir, y por mucho que él intentó volver al Hades para recuperarla de nuevo, ya no se le permitió el acceso al mundo infernal.

Los dioses de todos los tiempos parecen exigir fe ciega. 

Orfeo y Eurídice. Rubens. Museo Nacional del Prado. Fuente



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